La historia de Disney: el inicio del sueño

Las películas de Disney no empezaron con castillos encantados ni princesas. Desde su fundación en 1923, The Walt Disney Company ha creado un universo que marcó la infancia de generaciones y cambió para siempre la forma de contar historias. Pero su historia comenzó con cortometrajes modestos (y hasta políticos) que ayudaron al estudio a sobrevivir.
Walt Disney empezó desde abajo, fracasó en varias oportunidades, pero siguió adelante a pesar de todo. En sus inicios, el estudio produjo series como Comedias de Alicia, una colección de cortometrajes de animación donde una joven llamada Alicia se adentraba en un mundo repleto de personajes animados. También destacan los cortos protagonizados por el Pato Donald, quien participó en videos de propaganda durante la Segunda Guerra Mundial. Aunque estos cortometrajes distan mucho de las películas de Disney que conocemos hoy, fueron esenciales para financiar los primeros pasos de un estudio que más tarde revolucionaría el mundo del entretenimiento.

La evolución creativa de las películas de Disney

Durante las décadas de 1940 y 1950, el estudio innovó con las llamadas “películas paquete”, una mezcla de cortos animados conectados por un tema común. Ejemplos como Fantasía (1940) o Saludos Amigos (1942) mostraron una creatividad desbordante pese a las limitaciones de la posguerra. Sin embargo, el verdadero salto llegó con Blancanieves y los siete enanitos (1937), considerado el primer largometraje animado, seguido por clásicos como Cenicienta (1950), que consolidaron el estilo y el corazón de las películas de Disney y de The Walt Disney Company.

Transformación y crisis

Durante las décadas de 1940 y 1950, el estudio innovó con las llamadas “películas paquete”, una mezcla de cortos animados conectados por un tema común. Ejemplos como Fantasía (1940) o Saludos Amigos (1942) mostraron una creatividad desbordante pese a las limitaciones de la posguerra. Sin embargo, el verdadero salto llegó con Blancanieves y los siete enanitos (1937), considerado el primer largometraje animado, seguido por clásicos como Cenicienta (1950), que consolidaron el estilo y el corazón de las películas de Disney y de The Walt Disney Company. Estas obras mantuvieron la magia del estudio e introdujeron innovaciones técnicas como la xerografía, que redujo costos y conservó el trazo de los animadores, dando a las películas un estilo más marcado. Sin embargo, tras la muerte de Walt Disney en 1966, el estudio perdió parte de su rumbo creativo. Durante los años 70, títulos como El libro de la selva (1967), Los Aristogatos (1970) y Robin Hood (1973) mantuvieron el espíritu del fundador, aunque sin el mismo impacto. A finales de los 70 y principios de los 80, obras como El zorro y el sabueso (1981) o Taron y el caldero mágico (1985) reflejaron intentos de renovación en medio de pérdidas económicas. Esta etapa, aunque incierta, sentó las bases para un renacer.

El renacimiento y la magia moderna en películas de Disney

En los años 90, llegó el Renacimiento de Disney, una época dorada de películas de Disney con historias vibrantes y bandas sonoras inolvidables. La Sirenita (1989), Aladdín (1992) y El Rey León (1994) marcaron una nueva era en la animación.
Con la llegada del nuevo milenio, Disney amplió su legado con la compra de Pixar y la creación de filmes contemporáneos como Frozen (2013) y Encanto (2021), que demostraron que la esencia de las películas de Disney sigue viva y en constante evolución.

Dato curioso:

El camino hacia la grandeza también tuvo tropiezos. Un caso emblemático es Música Maestro (1946), una obra experimental retirada de Disney+ por su contenido racista y temáticas hoy consideradas inapropiadas. Es la única producción ausente del catálogo, lo que muestra cómo las películas de Disney también reflejan los cambios sociales y culturales de cada época.

Un legado después de 100 años

En definitiva, las películas de Disney demuestran que el cine no solo se trata de contar historias, sino de crear experiencias que perduran. La verdadera magia de Disney no está solo en su técnica, sino en su capacidad para emocionar, inspirar y acompañar a generaciones enteras. Más allá del cine de animación, The Walt Disney Company se ha expandido por el mundo entero, adquiriendo franquicias como Fox, operando 12 parques temáticos en distintos continentes y llevando su marca a casi cualquier producto imaginable. Un siglo después, las películas de Disney siguen recordándonos que la magia (cuando se cuenta bien) nunca pasa de moda.

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